El Sábado hubo concentración de vuelo en Pedro Bernardo
No sé si fue por la promesa de cerveza a granel en La Iglesuela o por el gancho de "los chicos de Peter", el caso es que fue todo
un éxito. Al llegar al despegue a eso de la una nos encontramos con la sorpresa de que había Liga Centro de parapente. Por fortuna
para nosotros los mil y un trapos despegaron poco después, dejando libre el despegue para que pudiéramos montar las 25 alas.
¡ Sí, 25, nada menos ! Todo un ambientazo. No tardamos mucho en montar y salir, uno tras otro, en un vuelo directo a gol en
La Iglesuela. El día no estaba para tirar cohetes. A la altura del despegue (entre 1.200 y 1.400 m) la cosa estaba un poco
rota. Rascando, rascando, se iba ganando altura y las térmicas estaban más organizadas pudiéndose hacer nube, entre 1900 y 2000 m,
con relativa facilidad. Y allí que íbamos todos, cual tropel de patos, con 20 Km/h de viento en cola, camino a La Iglesuela.
Llegamos unas 17 alas. Seguro que este supermegacrossdelamuerte de 13.5 Km no impresiona a nadie, pero sin duda lo habría hecho el
ambientazo en la campa: botellines fresquitos a tutiplén, un jamón que no se lo saltaba un gitano (cortesía de Félix, si no me
equivoco), y un largo sinfín de entrañables detalles que hacen de Peter-La Igle un inigualable lugar de vuelo.
No por casualidad el Sábado había fiesta en La Iglesuela: un cross de 10 Km, atracciones para niños y bareto para los mayores.
Los organizadores de la carrera agasajaron a los aguerridos voladores, bien conocidos en la zona por su afición a la cerveza, con
barra libre de la que, por supuesto, dimos buena cuenta. Algunos hasta terminaron hablando alemán: Ich bin ein betrunkener
Hängegleiter (o algo así).
Por la noche, una excelente cena para 34 comensales preparada en el mesón de María del Mar fue la guinda a un día que poco, si no
nada, la quedaba para ser perfecto. Risoto, ensalada, pollo con setas, carne guisada, tortilla, jamón (el mismo de antes, ¡ cómo nos
cundió !), cervecita, vino, y unos suculentos postres caseros, todo ello caldeado por los corazones de unos ebrios voladores, con
familiares y amigos, pusieron punto final para buena parte de nosotros. Los más valientes continuaron bailando y bebiendo hasta las
4 de la madrugada en la plaza de La Igle, lo que no les impidió disfrutar de un bonito día de vuelo el Domingo. Pero eso ya es otra
historia.
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